Señor Director: Vengo observando, desde hace algunos días, diversas declaraciones encontradas en torno a la figura del intendente, provenientes de organismos y funcionarios, a la que se le suman comentarios de lectores, vecinos comunes, como usted o como yo, que para nada reflejan la euforia desatada en el mundillo lunghiano luego de un aplastante y contundente 50% de sufragios obtenidos. Estas expresiones de descontento y encono hacia S.E.R. (Su Excelencia Reverendísima, y lo planteo en estos términos porque parece ser que hasta el mismísimo Gobernador tiene que pedirle permiso para remover funcionarios provinciales en el distrito), a poco más de 90 días de aquella gesta correligionaria, trasuntan desde “A Tandil es difícil soñarlo”, pasando por saber de “promesas incumplidas” de los vecinos de La Elena, hasta un llamativo “pesimismo conservador” por parte del gobierno provincial, estigma de amante prohibido en estas tierras serranas. Pero esta suerte de “observaciones” parecieran no poner en alerta a los monjes serviles de S.E.R. cuando de contar porotos se trata, en especial, cuando en una ciudad de neto corte conservador como la nuestra, y de la cual debemos hacernos cargo todos, la preferencia electoral tiende a mostrarse a favor de una conducción fuertemente paternalista por encima de cualquier proyecto colectivo, y en ese sentido se inclina por alguien con imagen de humilde trabajador (en este caso de la salud) y fuerte sentimiento partidario por sobre aquellas alternativas con variopintos de dudoso origen y una pertenencia conveniente de acuerdo a las coyunturas. Es entonces cuando pregunto por qué este gobierno se hace el otario ante el reclamo genuino de la gente, pone piloto automático en dirección a la derecha, y lo adorna con un discurso “progre” al que pareciera faltarle un arito en la oreja de su conductor. Y es precisamente este el punto central de los yerros sistemáticos tanto de los correligionarios como de los que no lo somos. Para los primeros, envalentonados con los resultados, tiran la chancleta y que se banquen la que venga; para los segundos, pudieron siempre más las vanidades y narcisismos que los hechos concretos que se contrasten con los desarrollados por el gobierno. Está claro que desde el municipio no se toman las riendas de la agenda política porque ávidos de poder y de gloria siguen menospreciando las necesidades reales de los vecinos que miran impávidos como se le enrostra a la oposición los lauros obtenidos y su propia incapacidad política para intentar marcar la cancha. Pero hay una luz de esperanza que no podemos despreciar. Hay desde hace un tiempo una impronta diferente de lo que algunos llaman renovación generacional y que está convocando sin miramientos a TODOS. Una oportunidad que la ciudad viene bregando y que no puede darse el lujo de dejar pasar. Un llamado a participar de la cosa pública como nunca antes había pasado en Tandil. Es por ello, que exhorto a todos mis convecinos a sumarnos a esta patriada y debatir “en serio” qué Tandil queremos. En qué Tandil queremos vivir. Si seguimos a la deriva por caprichos irresponsables, o si discutimos y debatimos democrática y responsablemente un TANDIL PARA TODOS. Yo quiero vivir en un Tandil de crecimiento con inclusión social. Yo quiero un TANDIL PARA TODOS. Queda abierto el debate. Gustavo Groppa DNI 22.292.631
Gustavo groppa
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