La creación del Virreinato del Río de la Plata en 1778, y la consiguiente apertura del puerto de Buenos Aires al comercio colonial, produjo un cambio fundamental en la posición de esta pequeña aldea, perdida hasta entonces en los confines del imperio español, que comenzaría a crecer como centro comercial, administrativo y militar para toda la región, en la ruta a Potosí, que va desde el litoral hacia el centro y norte de Argentina hasta Bolivia. El nuevo escenario en que Buenos Aires se ubicaba como protagonista de la vinculación con la metrópoli, posibilitó que extendiera su frontera interna con la región dominada por las tribus autóctonas en una serie de ciclos de avance y retroceso que culminaron con la campaña militar de 1879. En este contexto, los gobiernos coloniales primero y provinciales después incorporaron nuevas tierras que fueron pasando a manos privadas, ya en usufructo, ya en propiedad plena. Y mientras los gobiernos liberaban tierras al mercado algunos propietarios de los partidos de primer asentamiento enajenaban sus propiedades, a la vez que otros iban incorporando a su patrimonio nuevas estancias, según las oscilaciones de un mercado externo que no manejaban describía itinerarios de éxito o fracaso.
Hacia el sureste de la ciudad de Buenos Aires se encuentran los partidos de Chascomús, Ranchos, Monte. Se caracterizan por sus terrenos llanos, con partes bajas que conforman las cañadas, bordes de arroyos y lagunas, están delimitados al sur por el río Salado y al nordeste por el Samborombón, los que desembocan en la bahía del mismo nombre. Hacia estos ríos y una gran cantidad de lagunas, llevan sus aguas arroyuelos de bajo caudal, pues dependen del régimen de lluvias. Esta zona fue la primera en ser poblada en el último veinteno del siglo XVIII, durante el virreinato de Vértiz, a partir de una estrategia de ocupación militar y productiva de la frontera que, siguiendo el curso del río Salado como límite natural a una distancia que oscilaba entre 60 y 160 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, estableció las guardias de Chascomús, Ranchos, Monte, Lobos, Navarro y Luján, alrededor de las cuales se asentaron las primeras estancias.
La hidrografía del lugar forma profusas rinconadas, en la confluencia de dos corrientes de agua, que en la época cumplían la doble función de favorecer el acceso al agua y el cuidado de los animales como barreras naturales para impedir su dispersión. La actividad ganadera sería preponderante en la zona, aunque la agricultura también estuvo presente, especialmente en las áreas protegidas hacia el Samborombón, en Chascomús, y el Siasgo, un afluente del Salado entre Ranchos y Monte.
En los primeros años del siglo XIX, los tres partidos de los que nos ocupamos fueron el punto de arranque de una vía de expansión hacia el sur. Algunos hacendados cruzaron el río Salado e iniciaron nuevos establecimientos productivos en terrenos baldíos que, con distinta suerte según la relación que hubiera con los aborígenes, ampliaron el territorio ocupado y perduraron hasta la fundación de los fuertes de Dolores en 1817 y Tandil en 1823. A fines de la década de 1820 dejaron de cumplir su cometido militar, ya que el constante avance territorial había trasladado la función de defensa a los fuertes que se levantaban al sur y el oeste de la provincia. De esta manera se consolidó el aspecto productivo de la región acompañando la vinculación de Buenos Aires al mercado internacional mediante la exportación de productos pecuarios.
La entrega de tierras públicas que siguió a la ocupación de nuevas tierras a partir de 1816 fue suspendida en 1840 por el gobierno de Rosas. Luego de su caída se produjo un importante retroceso de la frontera, que comenzó a recuperarse recién a fines de la década de 1850, cuando los gobiernos provinciales decidieron otorgar tierras en arriendo para después venderlas a los particulares.
En este trabajo se estudiará la formación, consolidación y gestión empresarial de las grandes propiedades rurales que se originaron en Chascomús, Monte y Ranchos, desde su inicio como fuertes militares en 1780 hasta la llamada "conquista al desierto" en 1879. Para ello se confrontarán mensuras, expedientes de solicitudes de tierras, registros catastrales, sucesiones y testamentos, con el fin de determinar la ocupación y acceso a la propiedad legal, y analizar las condiciones de producción, formas de explotación y estrategias de conservación del patrimonio de los grandes estancieros.
Julio Alberto Carrillo
Guia de Turismo
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