(Continuación)
Ochenta y seis años de existencia, más de setenta en el aire, han dejado las huellas imborrables de innumerables y sabrosas anécdotas que Leonardo David García atesora; algunas de las cuales –solo algunas- hemos insertado en esta sección. Como la de aquel alumno de su Escuela de Pilotaje. Estaba realizando su primer vuelo solo, cuando llegó su madre al campo de vuelos para llevarlo, como hacia siempre al cabo de cada lección.
“Yo estaba observando los aterrizajes del alumno –cuenta García- cuando se acercó la señora y me preguntó por su hijo. Mire señora, le contesté, está volando solo. La mujer miró el avión, se dirigió a mi y comenzó a gritar “¡se va a matar!.. ¡se va a matar!.. ¿Por qué lo dejó solo?”Y no solo eso. Exasperada la mujer, comenzó a golpearlo sin piedad. “¡Cálmese, señora, cálmese!”, solo atinaba a decirle el instructor. Pero ella era una máquina de dar puñetazos, gritaba, pegaba y no entendía razones.
Al observar todo esto el encargado del Aeródromo se acercó y entre los dos procuraron calmarla. Cuando el hijo bajó del avión con cara de felicidad, la madre lo tomó de un brazo, subieron al automóvil que la había traído y se fueron embroncados, sin despedirse.







