ALAS LEGENDARIAS - Historia de una vida en el aire (15)

Esta es otra de las anécdotas del rico historial de Leonardo Garcia. Ocurrió en el aeródromo "Cruz del Sur", de la firma Ford - Departamento Aviación, ubicado en Tandil, en el cruce de las rutas 30 y 74 y él lo relata así: Estábamos allí un mecánico de apellido Pla, Cholo "Cartucho" Zavagno, don Rito Penino encargado del lugar y un muchacho hijo de un agricultor vecino, quien se desempeñaba en todo trabajo y generalmente, lo que hacía siempre estaba mal. Solía lavar los aviones, los enceraba y luego venía y me decía "Garcia mire que lindo quedó, lo lavé, lo enceré y para que quedara mejor, le pasé una estopa con nafta". Había además una perra llamada Agripina y un perro de noimbre Catriel, a quien aveces llevaba a volar conmigo.

El muchacho quería aprender mecánica. En una oportunidad le explico la posición de los cilindros del motor. Al rato le pido que me esplique cuales son los derechos y cuales los izquierdos y sacándose el pucho -siempre fumaba con un olor espantoso y además era ceseozo- me responde "A segun, don García.  Zi yo miro azí, zon de este lao y zi miro pa ya, zon del otro".

 

Siempre me pedía que lo llevara a volar. "Usted lleva a la perra, me decía y a mi no". Hasta que un día me cansó, puse el avion en marcha y lo saque a volar, fui en rodaje a cabecera y todo bien, acelero el avion y mientras iba en carrera de despegue, observo que el muchacho miraba para ambos lados. Cuando ya despego, empezó a gritar "Baje, Garcia, baje". La posición que tenía el avion no admitía otra cosa que hacer el circuito corto y aterrizar. Comienzo un giro suave a la izquierda y sigue gritando más fuerte, quería abrir la puerta para largarse, yo le gritaba que se calmara, con la izquierda sostenía el comando y con la derecha lo agarraba de los pelos y lo zamarreaba. Así pude aterrizar, pero todavía en plena carrera de aterrizaje, desprendió el cinto de seguridad y abriendo la puerta se tiró del avión; esperé el golpe en el plano horizontal de profundidad, pero no senti nada. Con cuidado frenaba el avión y lo hacia girar suave a un lado para observar atras, cuando veo que el muchacho iba dando vueltas como un cilindro, tirando pasto para todos lados.

Cuando llegue al hangar, el tipo había disparado en bicicleta a su casa.  Al dia siguiente regresaba de un vuelo, cuando al bajar del avión  apareció con el padre, quien enojado y con modales agresivos, me pregunta por que le había querido matar al hijo, mientras éste a su lado gritaba "Zi papá, zi papá, el loco me quzo matar, la guerra lo dejó loco". Ahora resultaba que el loco era yo. Entre amagues de agresión, palabras y aclaraciones, la situación se fue calmando. El padre y el hijo se fueron, por suerte para no volver.

(Continúa)