"ALAS LEGENDARIAS" Historia de una vida en el aire (6)

Asi partimos a la estación ferroviaria. Llegamos unos diez minutos antes de partir el tren hacia la ciudad de Juarez. Mi amigo Cholo –alias Cartucho- me acompañó hasta la primera estación que era Gardey. No tenía dinero para llegar a Juarez, su pasaje era ida y regreso a Tandil. Con un fuerte abrazo nos despedimos en el anden y mientras el tren partía, él esperaba el regreso. Pasé por estación Vela, luego por otra pequeña y llegué a Juarez. Cerca de la estación había un almacén y hacia él me dirigí. Pregunté a unos gauchos y me mandaron a ver al almacenero. Le dije que yo buscaba un avión que había llegado horas antes y donde podría estar. Sí, me dijo, es el avión de la yerba, bajó en una chacra aquí cerca. Le pregunté cuando podría ir y hablando con uno de los gauchos me llevaron donde estaba el aparato, que se hallaba a pocos metros de una casa.  Le agradecí al buen hombre que me trajo en un carro y me dispuse a amarrar la máquina con las sogas y estacas que saqué de su portaequipajes. Enfundé su motor y luego arme una cama colgante debajo del ala, a fin de pasar la noche, que por suerte no era muy fresca, pero por las dudas me cubrí con un gran saco de abrigo para vuelos de mucha altura. Muy bien no pase la noche.

Al amanecer me despertaron ladridos de perros y canto de gallos, luego víno el chacarero y me dice: “Aviador, venga a tomar una taza de café con leche”. Acepté el ofrecimiento, me vino muy bien, hacía muchas horas que estaba sin comer. Luego de ese abundante desayuno acompañado con bastante galleta, regresé al avión y comencé a prepararlo hasta que llegase Siro Comi. Llegó casi a media mañana en automóvil con el viajante de la compañía SAFAC y me dice: “Garcia, nos vamos a Gonzalez Chaves” y despidiéndonos del viajante, llevamos el avión a un extremo del campo, previo chequeo de marcha del motor, comienza el decolaje y fue ascendiendo con rumbo a Chaves. Era cerca, en pocos minutos llegamos. Vamos descendiendo hacia la ciudad y al sobrevolarla haciendo un giro, Comi pone en funcionamiento el equipo productor del humo para la escritura. Una gruesa estela se formaba detrás del avión, se veía a la gente salir a la calle para ver ese espectáculo único y muy promocionado por medios radiales, el avión que escribía en el cielo la propaganda de la yerba SAFAC y que con unos vales que el almacenero entregaba a quien compraba ese producto, tenía por opción un vuelo de bautismo gratis con el correspondiente diploma.

Sobrevolamos los alrededores de la ciudad, buscando el lugar más cercano y apto para aterrizar, que al final nos enteramos lo usaban unos jóvenes de apellido Deker, para volar con un planeador rudimentario, quienes al poco tiempo de nuestro aterrizaje llegaron a vernos, brindándonos lo que necesitáramos. Llegaba también otra gente en toda clase de vehículos para ver el famoso avión y realizar su vuelo con los vales. Se efectuaron varios vuelos esa tarde y se escribió un letrero en el cielo.

Finalizados estos vuelos y una escritura en el cielo, se amarró la máquina contra el alambrado, frente a una casa en lo posible. Siempre se hacía, en los lugares carentes de hangares, para que alguien lo vigilase.

Esa noche me fue bien, un buen baño en el hotel como así la comida y la cama. Si bien el lugar no era de mucha categoría, pasamos perfecto. A la mañana temprano, Comi me dice que vamos a Tres Arroyos, a fin de seguir con la misma  tarea. Nuevamente lo rutinario, completar combustible y aceite, chequeo general. Luego de hacer prueba de motor, rodaje hasta un extremo del campo y con viento de frente, levantamos vuelo con rumbo a Tres Arroyos que quedaba cerca.